viernes, 15 de agosto de 2008

Ante los ojos de Dios, ¿SOMOS TODOS IGUALES?


Hoy leyendo un curioso artículo en el País titulado “En el nombre de la Madre” que hacia referencia al papel actual de la mujer en la Iglesia católica, me he dado cuenta de que son muchas las circunstancias que tomamos como cotidianas o normales en nuestro día a día, que si por el contrario nos paráramos a examinar, probablemente desafiarían a la razón, de manera que incluso la idea más disparatada o descabellada en apariencia, meditada a conciencia, podría considerarse la más razonable e incluso justa.

Por que quién no se ha hecho en algún momento de su vida la pregunta de ¿y porqué no una Mama en vez de un Papa como cabeza visible de la Iglesia y máximo dirigente de los Estados Vaticanos? No se trata simplemente de una frivolidad convertida en chiste al que se suele recurrir, como podría parecer al primer golpe de vista, sino que hablamos de uno de los modelos estatales de la actual Europa Occidental, y de la forma de gobierno de una Institución que por definición se considera como un organismo que desempeña una función de interés público especialmente benéfico o docente en donde no deberían tener cabida actitudes discriminatorias ni mucho menos misóginas.

No es que pretenda ensañarme con la estructura de la Iglesia católica, sino que tan solo he pretendido hacer una exposición que ejemplifique la hipocresía que impera en nuestra actual sociedad, en la que incluso los abanderados de la igualdad entre los hombres dan de lado a una gran parte de la humanidad mediante la privación de oportunidades, perpetuada por la masculina interpretación de la historia, incluso de la Sagrada, realizada a lo largo de los siglos y que a día de hoy y a juzgar por los acontecimientos no deja lugar a la esperanza de posibles futuros cambios.

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